31 dic. 2010

Adiós México 2010



Decían los estoicos que para eliminar la raíz del sufrimiento habría que eliminar el deseo. A menos expectativas menos desilusiones. Tal vez muchos esperamos en México que en 2010 ocurriera un milagro, que las celebraciones bicentenarias trajeran por lo menos alguna epifanía. Muchos se conformaron con fuegos artificiales y otros optaron por dejar de leer las noticias. 

Sin embargo, no hay vuelta de hoja. Aquí nacimos y la mayoría aquí nos quedaremos. No tendremos otra oportunidad de nacer en un país sin lacerantes diferencias sociales y económicas, con igualdad de oportunidades y un proyecto de nación cimentado en los sencillos y rutilantes valores humanos que todos podemos sentir, percibir, vislumbrar. Pero este y todos los días, aquel y todos los años, podemos erigir desde nuestro interior la polis de la que carecemos en lo externo y en ella habitar las veinticuatro horas y construir los actos que de esta elección se derivan.

No hay otro país. No hay otra vida. No hay otro presente mas que este. 

Y este es el que vale la pena vivir, en todas sus dimensiones, desde los cuatro rumbos de los mesoamericanos hasta el centro insondable, manantial del tiempo.

Adiós México 2010. Feliz y promisorio México 2011.