22 ene. 2015

Un dragón de oro



Un dragón de oro
quería ir a buscar
tesoros ocultos
al fondo del mar.

El dragón de oro
quería conocer
el cuándo y el cómo
el qué y el por qué.

El dragón de oro
quería averiguar
el fin y el principio
del nunca jamás.

En un viejo barco
se hizo a la mar
se fue navegando
sin mirar atrás.

Y a la medianoche
tuvo la fortuna
de ver un castillo
bañado de luna.

Flotaba el castillo
en medio del mar
el dragón de oro
en él quiso entrar.

Cuando estuvo dentro
del raro castillo
del fondo del mar
surgió un remolino.

¡Qué susto, qué espanto!
pues todo se hundió
las torres, las puertas
el barco, el dragón.

Para su sorpresa
podía respirar
y abrió bien los ojos
para contemplar

sirenas, tritones
caballos de mar
estatuas de arena
arcos de coral

cofres custodiados
por un pez espada:
perlas y rubíes
también esmeraldas.

Tesoros de siglos
de duques y reyes
de griegos, romanos
y cartagineses.

Sentado en su trono
el dios Poseidón
muy serio le dijo:
-¿Quién eres, dragón?

-Gran Señor del mar
soy el dragón de oro
llegué hasta tu reino
buscando un tesoro.

-El tesoro es mío
dijo Poseidón
pero un regalo
te daré, dragón.

Pide lo que quieras
una sola vez
piénsalo despacio
piénsalo muy bien.

El dragón lo piensa
una sola vez:
-Gran Señor del mar
yo quiero volver.

Un rayo de luna
envolvió al dragón
lo llevó a su casa
y el cuento acabó.