25 oct. 2018

Atenas siempre




Llegar a Atenas para mí es respirar Destino. Es reconocer, recordar, renacer en la Memoria. Es anámnesis teñida de los sentimientos más altos, los ideales más sublimes. La Acrópolis y la invisible estatua de la Doncella, tan presente. Los olivos, las nubes, las piedras. Los hombres que aquí fueron, los helenos de otros tiempos: la huella de Sócrates, de Fidias, de Platón... El amor de Aspasia por Pericles y de Pericles por Aspasia. La lengua griega, suma de bellezas. El aire, el sol, la canción del viento entre los los olivos. El paisaje que Dimitris Pikionis trazó para que Atenas pudiera vincular su pasado con su presente. Tantos mitos, tantos seres, tanto amor...




Frente a la llamada prisión de Sócrates




La luna del Partenón


Odeón de Herodes Ático

En la Pnyx