8 abr. 2018

22 segundos, de Eva Mejuto

Eva Mejuto. Foto: La Voz de Galicia


22 segundos
Eva Mejuto
Edicións Xerais de Galicia
Vigo, 2017

He leído "22 segundos", de la autora gallega Eva Mejuto, no de un tirón, sino en dos, porque el ciclo circadiano alterado de un viaje transatlántico me arrancó de los brazos de una historia entrañable y necesaria. Tuvo que llegar otro momento de calma en nuestra participación en el Salón del Libro de Pontevedra, que Eva además coordina, para yo poder regresar al segundo 14, donde "lo que no se dice no existe", y a esos  personajes que desde el primer segundo, me conquistaron.

Ahora, con el libro a mi lado, exhausto de mis lágrimas de felicidad lectora, colmada de emociones sin precio, exquisitas, esenciales y transformadoras, solo quiero agradecer que Eva lo haya escrito, y salir corriendo a todo viento y a todo lugar para anunciar que una escritora gallega nos ha entregado un libro fundamental para construir humanidad en el siglo XXI.

Estilísticamente impecable, este que es el primer texto en gallego que yo leo, es transparente como un manantial. Lenguaje auroral en los labios de seres honestos y esenciales. Agua clara de palabra para enunciar la toma de conciencia de una joven "ella" que desde lo más profundo sabe que es un "él", y que ama esa incipiente certeza y que a su sombra y a su luz desenvolverá su amor y su misterio.

"Hagamos la paz y rompamos los nombres", dice el poeta asturiano Aurelio González Ovies en "Vengo del norte". Sí, rompámoslos, o leámoslos al revés como Xela el suyo. Rompamos las inercias y las etiquetas y dejemos desnuda y luminosa la mirada del amor. Un mundo nuevo está naciendo y son los seres como Xela y las escritoras como Eva quienes nos lo ponen en las manos para invitarnos a su Jardín recién nacido, a su libertad dulce, a su felicidad generosa.

Gracias, Eva Mejuto, por ofrendarnos esta novela, por darnos ese abuelo maravilloso y esa denodada valentía del protagonista. Por recordarnos que ante todo somos humanos, que el amor nos mueve y que somos tan bellos y tan verdaderos como nuestros poderosos anhelos. Que hemos venido a transformar y transformarnos y que hay cicatrices que son una sonrisa.