22 abr. 2014

En Chile, María José Ferrada recomienda Tigres de la otra noche



Fuente: Revista intemperie


María José Ferrada recomienda cuatro libros de poetas latinoamericanos que pueden acompañar a los niños -y también a los adultos- en eso de mirar y nombrar el mundo

¿Por qué leer poesía a los niños? responder a esta pregunta tal vez sea tan difícil como intentar explicar por qué debería leer poesía un adulto.

Se suele recomendar la lectura de poesía a los niños desde un acercamiento al ritmo y al entrenamiento de la memoria. El niño entraría a través de la rima, de manera natural y tal vez recordando el primer ritmo que guarda en su memoria: el del latido del corazón de la madre, al mundo del poema.

La poesía, sería así, un primer encuentro con el lenguaje como forma de abrigo. La lengua que es capaz de nombrar, en toda su musicalidad, el mundo.

¿Entrenamiento de la memoria? Tal vez. Pero algo se niega en el lector o en quien escucha poesía –a cualquier edad- a encontrar en ella un sentido utilitario. Asociar la poesía al desarrollo de una destreza sea tal vez la mejor forma de matarla. Dejemos que la poesía no sirva para nada.

A fuerza de rima, metáfora, anáfora, hipérbaton, polifonía, aliteración y sinécdoque corremos el riesgo de alejar al niño para siempre del poema. El niño que quiere ver el mundo y hacer junto al poeta un inventario, su propio inventario, de lo que está ahí afuera.

El poeta dice que la cebolla es la estrella de los pobres. El niño le cree y por un minuto, la mesa es un cielo. No hay mucho más.

A continuación, algunos libros de poesía latinoamericana que no sirven para nada (que no sea acompañar a los niños en eso de mirar y nombrar el mundo):





Libro de las preguntas, publicado por vez primera por la editorial argentina Losada el año 1974. El año 2006 la editorial Media Vaca publicó una edición de lujo ilustrada por el español Isidro Ferrer.



“Cuál es el pájaro amarillo que llena el nido de limones?

Por qué no enseñan a sacar

miel del sol a los helicópteros?”





Tigres de la otra noche, de María García Esperón, ilustrado por Alejandro Magallanes (Fondo de Cultura Económica, 2006). Un misterioso tigre habita en los recuerdos de la infancia e invita al lector a entrar con él en un sueño poético.



“Tigre,

dame una manita

de gato.

Quiero salir

a probar este mundo

a la carrera”.





Tarde de invierno, de Jorge Luján, ilustrado por Mandana Sadat (Kókinos, 2007). Breve poema para ser leído en invierno, de preferencia junto a una ventana.



“Juega mi dedo en el vidrio empañado y

dibuja una luna y dentro de ella a mi madre que

viene por la calle y cabe justo en el dibujo”.





Canción decidida, de David Wapner, ilustrado por Cristian Turdera (Pequeño Editor, 2004). Una bella canción que se posterga a lo largo del día y sus estrofas.



“Todos los días

apenas salga el sol

saldré a la calle

a gritarle al mundo

que soy feliz

que la vida es bella

y que en su homenaje

me pondré a bailar.



Aunque creo más prudente

dejar pasar unas horas:

Saldré a las diez de la mañana

cuando todo el mundo está despierto

y va de un lado a otro

por aquella calle

a la cual saldré

y gritaré al mundo

que soy feliz

que la vida es bella

y que en su homenaje

me pondré a bailar”.



Foto: Libro de las preguntas, de Isidro Ferrer (Media Vaca, 2006)