17 feb. 2012

Mónica Hoth y los hombres pájaro



Con Martina y los hombres pájaro, la mexicana Mónica Hoth obtuvo en 2003 el Premio Nacional Obra de Teatro para Niños. La dramaturga, titiritera, diseñadora, constructora y animadora de títeres de sombra radicada en San Miguel de Allende, Guanajuato abrió con esa pequeña pieza teatral las puertas de la magia. Desde entonces, Martina y los hombres pájaro se ha posado de boca en boca, ha danzado ante cientos de ojos atentos y encantados, ha tomado, como el arquetípico muñeco de madera, vida propia insuflada por la ilusión de quienes -adultos y niños- le han prestado cuerpo y voz, sombras y luces y fe poética.

Martina y los hombres pájaro recrea la cotidiana historia mexicana del migrante que se va al otro lado y deja tras sí vida y familia y niños y añoranzas. Pero la creadora ha hecho de esta historia algo más, mucho más que una estadística, ha logrado que suene y vibre como un mito, como un cuento que nos vuelve a las puertas del origen y que nos convierte en nuestros propios héroes.

Es la Odisea la que permea las líneas de esta dramaturgia mexicana, cuajadas de riquísimos localismos, en donde la protagonista, una valiente niña, emprende a través de un valiente sueño la búsqueda de su padre, que ha marchado al otro lado y es el único que no regresa. Martina convierte su añoranza en una épica deslumbrante, en la que la mordedura mágica, chamánica, de una serpiente la lleva al mundo sobrenatural, donde se dirime la suerte del alma humana.

La pequeña Martina es un héroe por los cuatro costados, que debe enfrentar al Mal y al Enemigo, a la Ausencia y a la Bruja, sin dejar de portar sus talismanes, su memoria sagrada -la canción de infancia, los nombres resonantes de sus padres y abuelos, su fe en el retorno del ser querido- y que gracias a esta condición heroica puede ser la fuerza espiritual abrumadora que libere a los hombres-pájaro del poder de la bruja, que propicie el retorno de su padre al hogar, Odiseo entrañable cansado de ser Nadie:

Fui el hijo de Nadie, el esposo de Nadie y el padre de Nadie. Fui el dueño de mi libertad y estaba solo...

Martina no es Nadie. Martina es Todo. Ella como todo niño en posesión de su infancia sagrada y deslumbrante, todo lo puede, porque sus actos son el espejo instantáneo de su fe. Ella es todo el Sueño, infinita soñadora que suscita sus propios fantasmas y sus propios miedos para conocerlos y vencerlos en esa agonía de luces y sombras que es la vida del hombre en la tierra. Agonía, lucha batalla, juego, teatro de la vida en la que las desgracias aparentes son la oportunidad para crecer y crecernos, para atisbar, temblorosos y emocionados como niños, esa otra realidad hermosa y heroica que sombras suele vestir de bulto bello y sin cesar nos sueña héroes de nuestra propia historia.

María García Esperón