4 jun. 2011

La belleza de la desdicha

En Santa María del Naranco, Asturias. Foto y oportunidad: Joaquín De la Buelga

El tiempo ya no corre. Brota
Gaston Bachelard

La tarde comenzó maravillada de palabras, pues Joaquín de la Buelga y yo habíamos grabado los poemas de Aurelio González Ovies con Juan Taboada. Estaban rotos o suspendidos los marcos referenciales del tiempo porque las palabras se habían derramado por los arroyos del pasado hacia el presente y el futuro estaba temblando en el marco de la puerta.

Y entonces, bajo una lluvia de oro yo me vi ahí ante esas piedras espiritualizadas de Santa María del Naranco, envuelta en ese verde incomparable y no era posible caminar hacia atrás y esgrimir la coartada de la nostalgia, renunciar a la belleza y anhelar lo imposible... porque lo imposible vibraba de posibilidad y el tiempo trinaba con su voz de ave y ya no corría hacia los mismos cansancios, sino que brotaba de su fuente, que siempre está ahí, y aquí y allá... pero no la vemos.

Y esa fuente era la pena por el devenir imparable, por la luz que no oye ruegos, por el instante que se marchaba con toda su felicidad. Por la presencia ausente más presente que nunca. Y de oro se dibujaba plena toda la belleza de la desdicha, que es inmensa o casi infinita, que rapta hacia su contemplación y enamora como solamente puede hacerlo el instante fugitivo en su implacable eternidad.