“Odiseo sostuvo la cabeza de Aquiles, y el alma, que ya se marchaba vertiginosa al Hades, habló por la boca del héroe:
—Júrame que la troyana Polixena será sacrificada en mi tumba.
—Te lo juro —dijo Odiseo.
Aquiles expiró y, bajo el ataque de Paris y Deífobo, que deseaban despojarlo de sus armas para cobrar la gloria entera, Odiseo, Áyax y Diomedes lograron cargar su cuerpo para llevarlo a las naves cóncavas, donde no tardarían en saber los griegos el tamaño de su desgracia”.
Casandra
María García Esperón
Ediciones Castillo
Ilustraciones: Rosario Lucas
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