1 nov. 2014

Dido para Eneas: Si la Historia es moldeable, la Leyenda lo es más


Entrevista a María García Esperón
por Ediciones El Naranjo

Dido para Eneas se presentará en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) el próximo 9 de noviembre de 2014 a las 2 de la tarde. Aula Magna. Centro Nacional de las Artes.


 ¿Cómo surge la idea de hacer una novela sobre la reina de Cartago?

La historia de Dido siempre me ha fascinado, principalmente por mi temperamento. La intensidad de la pasión que termina fatalmente con la vida de Dido me llamó la atención desde muy joven, cuando descubrí al personaje en uno de mis libros favoritos, la Eneida de Virgilio. Después de haber escrito varias novelas sobre el mundo minoico (Los Discos del Tiempo), sobre el mundo helenístico y romano (Querida Alejandría, Soma: la tumba de Alejandro, El anillo de César) y el misterio de las profetisas de la antigüedad (Sibila), me surgió como un imperativo que mi corazón latiera como el corazón de Dido. Y poner pasión y latido en palabras, porque el amor escrito es amor dos veces.

Entonces, ¿tú estás narrando una historia de amor vivida, amor trágico tal vez?

Sí, pero en una concentración épica. No es una historia en particular, son diversos momentos, recuerdos, emociones amorosas que vetean mi vida, como la de cualquier ser humano. Es verdad que en mis libros yo pongo especial atención al ser emocional del hombre, de la mujer, porque me parece que ahí está la fuerza. Los griegos, los antiguos griegos llamaron al corazón thymos, la palabra se ha traducido como timo, una glándula… pero no, ellos se referían al corazón y lo asociaban precisamente con el fuego. Thymos… el fuego en el hombre. El fuego en la mujer. Fuego es la pasión que consume el corazón de Dido y literalmente una hoguera es la que devora su cuerpo al final de su intensa historia.

¿En qué fuentes literarias te basaste para escribir tu novela?

Principalmente en Virgilio. En Ovidio, en esta carta de la serie de las Heroidas que Dido le escribe a Eneas, que es bellísima, esencial, que puede ser leída en nuestros días como si hubiera sido escrita hoy… pero también Virgilio es así, por eso son clásicos, por eso son inmortales. Pero también acudí al ambiente de un poema que me fascina, del autor contemporáneo español Aurelio González Ovies. Él, que es especialista en literatura clásica y profesor de latín, escribe en Para Dido de Eneas, lo que Eneas siente por haber abandonado a Dido. Sabemos segundo a segundo, literariamente hablando, lo que Dido siente, nos lo dicen Virgilio y Ovidio, principalmente… pero siempre nos queda la duda de qué siente realmente Eneas. “Pero los dioses, Dido, nunca comprenderán por qué los hombres, preferimos morir a separarnos”. El poema de Aurelio es de una hermosura también esencial y clásica, a la inversa, si viajara en el tiempo, los romanos lo leerían como un texto escrito en el siglo I y de hecho, de su título, “Para Dido de Eneas”, yo derivé el título de mi novela: “Dido para Eneas”.

 ¿Qué quieres decir con ese título, “Dido para Eneas”?

No solamente que es la carta o las palabras que Dido le escribe o le dice a Eneas, justo antes de morir, en una convención poética, se entiende… sino una profesión de destino: el ser de esa reina era incondicionalmente para el ser de ese príncipe troyano… y es trágico porque esa profesión, esa voluntad de Dido va en contra de todo: de su condición de viuda devota de Siqueo, de su compromiso con la ciudad que está fundando, de la voluntad de los dioses y lo peor: del mismo Eneas.

¿Eneas no ama a Dido?

En la Eneida nos encontramos a un Eneas cuyo rasgo principal es la devoción para con los dioses. El piadoso Eneas… piadoso es su epíteto, un adjetivo inherente al sustantivo, característico del estilo épico. Pues Eneas actúa siempre de manera obediente para con los dioses. Si los dioses, en este caso, las diosas deciden que debe aceptar el amor de Dido, lo hace. Si el fantasma de su padre y el mensajero de Zeus le ordenan que la abandone, también lo hace así. Él está consciente que sus actos se proyectan en el friso de la eternidad, que de sud decisiones depende que Roma, en un futuro que todavía no existe, sea fundada. Si Eneas se queda entre los brazos de Dido, simplemente no hubiera habido Roma. Y aunque estamos hablando de una leyenda… esta leyenda podría compararse con las vetas en el mármol de la Historia.

¿Cómo construiste el personaje de Dido?

Al elegir narrar en primera persona, sabía que yo quería convertirme en Dido. Y así fue. No hay un sentimiento ahí escrito que no haya sido experimentado por mí, en algún momento de mi vida, en circunstancias parecidas. Literariamente, me acogí al personaje de Cleopatra, que ya había yo tratado en “Querida Alejandría”, aunque de manera indirecta. Y porque Virgilio, en la Eneida, como estaba del lado del vencedor Octavio Augusto, en la figura exótica de Dido quiso reflejar la reprobación que el mundo romano hizo de Cleopatra y de Marco Antonio. Pero que Virgilio era tan magnífico poeta, tan grande, tan misterioso, que hizo de Dido uno de los más grandes personajes femeninos de todos los tiempos. Para mí, lo más importante de Dido es la entrega absoluta que ella hace de todo lo que es, de todo lo que tiene, al amor por Eneas. Y que en consecuencia, acepta morir de amor. Ella se mata con la misma espada del amado Eneas. Lleva la metáfora de “me muero por ti” a su culminación. Yo viví eso con ella. Yo al escribir que se moría me estaba muriendo en las letras, sentía una compasión tremenda por su dolor, por su desesperación… Y como  quise ser Dido, descubrí que yo era capaz de eso, de entregarlo todo y de morir de amor. No digo suicidio. Digo culminar un proceso en un cierto nivel simbólico y encender una hoguera que no se apague nunca, como la hoguera de Dido, que sigue brillando a través de los siglos.

 ¿No es eso algo fuerte para el público destinatario de una novela juvenil?

El público destinatario conoce la Eneida en secundaria, o idealmente deberían conocerla, como las otras grandes obras, la Iliada, la Odisea, Shakespeare, el Quijote... Ahí está la historia, las palabras del amor, el dolor, la muerte… Los grandes arquetipos. Decía Carl Gustav Jung que los niños necesitan mitos. Mito es una verdad profunda comunicada en lenguaje imaginario. Y el Amor es el gran tema de la literatura. El Amor, como dijo Dante, el escritor inmenso que invocó y evocó al inmenso Virgilio para que fuera su guía en la Divina Comedia, “move al Sole e l’altre stelle”. Yo escribo por eso. Y por eso vivo.

Vista de Cartago con Dido y Eneas. Claude Lorrain


 ¿Qué opinas del libro que ha hecho El Naranjo con tu texto? ¿Qué opinas de las ilustraciones de Omar Urbano?

El Naranjo para mí es calidad garantizada. Yo me considero muy afortunada y orgullosa porque esta sea la tercera obra mía en la colección Ecos de tinta (qué nombre hermoso). Editorialmente Dido para Eneas es un vino exquisito producto de un lento y cuidadoso proceso. Bajo la conducción de Ana Laura Delgado, el joven ilustrador Omar Urbano viajó en el tiempo y en el espacio para encontrar a una Dido tan verdadera, tan humana, tan profunda, que puedes leer ese rostro como la historia escrita en un doloroso papiro. Omar se hizo también antiguo y mediterráneo y sus pinceles se empaparon en la púrura de Tiro para narrar en imágenes la historia de Dido. Dicen algunos que el genio está en el detalle. El que con una lente de aumento magnifique los muros, los pisos, la piel de las estatuas que ha creado Omar, entrará en un universo paralelo. Los libros de El Naranjo son una experiencia estética muy completa y profunda.

¿Hay en Dido algo de Copo de Algodón?

Copo de Algodón se ha convertido en mi personaje emblemático, en estos 4 años de su joven vida de libro. El Mediterráneo está tan lejos del Anáhuac, pero si la Historia es moldeable, la Leyenda lo es más. Y ahora, ya con el libro existiendo, me doy cuenta que yo escribí el ciclo vital de Dido con las estructuras de conciencia de Mesoamérica, desde sus mitos: para crear el Quinto Sol, un dios se sacrifica en una hoguera y todo vuelve a empezar. Quetzalcóatl renace como planeta de su propia combustión de rey mortificado. Mi Dido, nuestra Dido, en este sentido, no apaga su estrella en el fuego que consume su cuerpo. Su amor dará origen a otra era. En lo personal y como escritora, de la hoguera de Dido, yo he salido renacida.