Soy Circe. Eea es mi isla y yo soy la hija del Sol.
Circe.
La Maga.
La que puede convertir a los hombres en cerdos y en perros, en jabalíes y en venados, volver hirsuta la piel humana y transmutar el habla articulada en gruñido.
Todos me yemen o me han tenido, excepto él. Cierto es qu elo protege una deidad poderosa, la ojiglauca Atenea tal vez, aunque fue el alado Hermes quien le entregó la raíz negra del moly con su flor tan blanca, para hacerlo inmune a mis brebajes, para infundir valor en mii pecho y atreverse a amenazarme con su espada broncínea. ¿Habría sido capaz de matarme? No lo sé. Soy una diosa y no lo sé. Pero en mi pecho se encendió una hoguera que no encuentra reposo cuando a la luz de las llamas lo vi, mísero hijo de la tierra, frente a mí todopoderosa hija del Sol que había convertido en bestias a todos sus compañeros.
¿Me compadecí? Tampoco lo sé. Porque la más poderosa de las fuerzas que gobiernan el universo, aún por encima del padre Zeus y quizá solo comparable al Destino, me atóo los miembros con una cadena invisible, me desprendió la voluntad e hizo de la Maga una mujer, una simple mujer enamorada de Odiseo.
María García Esperón
Historias de la Atlántida
Editorial Panamericana