Soy Calipso. Vivo en la hija de Ogigia. Un día de la eternidad, cuando las gaviotas ponen anillos de mar en los dedos del crepúsculo, él llegó hasta mis playas. Sediento y agotado, fugitivo de Poseidón, el agitador de la tierra. Los ojos vivos, la barba erizada de sal.
Lo amé de inmediato. Como una diosa.
Pero el amor de las diosas cansa a los mortales y sobre esta deidad de mí misma obran fuerzas superiores. Así, llegó el mensajero de Zeus con el mandato de que dejara partir a Odiseo.
Le señalé el bosquecillo del cual podría obtener madera para construir una balsa y marchar al inquieto mar, que todavía la reservaba terrores y peligros antes de alcanzar las orillas del retorno y las costas de Ítaca.
María García Esperón
Historias de la Atlántida
Editorial Panamericana