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1 ago 2010 | By: María García Esperón

El oro y la manzana



Pueden emprenderse viajes y estará bien. 
Pueden articularse cientos y miles de palabras, 
resucitarse antiguas músicas 
y hacer resonar durante horas 
el timbal de los lamas
y el caracol del tiempo
  y estará bien. 
Pero en verdad te digo que callado sin moverte
te nacerán esas alas que te sabes
y podrás volar al mundo que te pertenece
donde tú eres el oro y la manzana,
el elíxir y la redoma,
el silencio y la palabra,
el viaje y la quietud...
10 dic 2009 | By: María García Esperón

El alquimista 4: instinto de transmutación



Qu'il eût été fade d'être heureux!
M. Yourcenar


Es un instinto de soñador*, pero a diferencia de éste, autor de representaciones y de sombras, el de transmutación está dirigido por un querer que no se conforma con la mera representación y el mero espejismo.

En él se manifiesta la verdadera estructura de la realidad, transformación constante donde el orden es mudanza y donde jamás culmina la cadena de las formas.

La felicidad como objetivo o descanso aquí no tiene cabida, a menos que sea un breve descanso muy cansado, como en el verso de Quevedo.

Así desgastado y ojeroso, melancólico y descansado de cansarse, el alquimista puede recomenzar -una y mil veces- a transmutar la realidad en el oro apetecido.

*Aunque menos repartido, más raro.
17 nov 2009 | By: María García Esperón

El Alquimista 3


Como ha querido bien todo lo que ha querido, sus manos pueden soñar sobre la soñadora materia.

En ella, como en él, lo esencial ocurre en el interior.

Ahí se encuentra el mutuo misterio.

Pero como ha querido bien, el misterio de la materia se devela y con él se abre la interioridad del alquimista.

La llave ha girado en su cerradura.

La aguja ha recorrido su cuadrante.

Asombrado de sus palabras, que le llevan la delantera, un nuevo mundo acaba de nacer.
11 nov 2009 | By: María García Esperón

El Alquimista 2 (tampoco es el de Coelho)



¿Por qué quiere el alquimista obtener oro?

No es por un deseo material, ni para obtener un lugar en la corte ni un principado.

Es más que un deseo, la necesidad psíquica de devenir su propia majestad interior.

De convertirse en su propio elíxir.

Esta Voluntad, este Querer del Alquimista se escriben con mayúsculas:

TODOLOQUEQUIERELOQUIEREBIEN.
10 nov 2009 | By: María García Esperón

El Alquimista 1 (no el de Coelho)


La alquimia es la lengua materna del Universo.

El problema es que sus primeras letras queman la mano que sostiene el lápiz, consumido en segundos por el mismo fuego que segundos antes se llevara el papel.

Sin soporte ni instrumento, el alquimista impaciente corre el peligro de perder el recuerdo de esa lengua, la memoria del dedo de fuego que lo despertó de la noche tranquila en la que duermen las demás criaturas, a las que no se les ha encomendado transmutación alguna.

Acaso deseará regresar a la noche-tranquila-de-todo-el-mundo pero esa ya no existe para él.

Y no hay tragedia peor para el alquimista que perder el fuego por ganar la letra.