Siempre el pasado me aguarda en el futuro. Le temps revient.
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La Aldea Perdida: Gracias, Rosa Serdio

Peña Mea, la Arcadia particular de Rosa Serdio
"Viajero, si algún día escalas las montañas de Asturias y tropiezas con la tumba del poeta, deja sobre ella una rama de madreselva. Así Dios te bendiga y guíe tus pasos con felicidad por el Principado".
Este que es el epitafio de Armando Palacio Valdés en el Cementerio de la Carriona, en Avilés, es párrafo de la Invocación de La Aldea Perdida, la novela-poema que hoy ha llegado a mis manos, viajera desde las montañas asturianas e impulsada por Rosa Serdio, quien me la ha regalado con esta dedicatoria:
"Este libro viaja solo hasta México con la esperanza de volver acompañado hasta la villa natal de su autor.
Podrás ver en este espejo, el momento crucial del cambio hacia una clase de modernidad. La actualidad te espera en Pola de Laviana"
María Rosa Serdio. 4 diciembre 2009. Santa Bárbara
Gracias, Rosa.
Así lo has escrito y así será.
Llevaré, desde México, una rama de madreselva para ponerla, a tu lado, en la tumba del Poeta.
Juana Cruz, Alejandro Magallanes y los Tigres de la otra noche
En el Encuentro Nacional de Estrategia de Acompañamiento en el Contexto de la RIEB* en octubre pasado, uno de los principales ponentes fue Alejandro Magallanes, el destacado artista mexicano que ilustró Tigres de la otra noche.
A ese encuentro, dirigido a los maestros de toda la República Mexicana, y representando al nivel preescolar de Querétaro, acudió mi amiga, la educadora Juana Cruz, a exponer su exitosa experiencia de lectura en el Preescolar Lauro Aguirre de San Juan del Río donde trabajó precisamente con Tigres de la otra noche, y Las Cajas de China.
Cuando Alejandro Magallanes terminó su presentación, Juana levantó la mano y le dijo:
-Quiero decirte que no solamente tú has ilustrado Tigres de la otra noche.
-A ver, cuéntame -dijo Alejandro
-Mis niños de preescolar también lo hicieron.
Agradablemente sorprendido, Alejandro manifestó su interés en ver las ilustraciones de los niños. Juana le hizo saber que estos trabajos están disponibles en un libro electrónico que realizaron las educadoras: Galería de Tigres.

Así, quedó sellada la amistad surgida de un libro, pues Alejandro le regaló a Juana un logotipo para su taller de "Pequeños artistas" y prometió su visita al Preescolar para conocer a los otros ilustradores de Tigres de la otra noche.
*Reforma Integral de la Educación Básica
Carlos Marianidis: Un deseo para 2010

Sería fantástico que en el 2010 comenzáramos, más que una década,
un nuevo modo de pensar el mundo.
Un mundo en el que los gobernantes reconocieran sus errores,
los gobernados corrigieran los suyos
y todos obráramos de acuerdo al sentido común.
Un mundo en el que millones de brazos sin trabajo
se unieran a millones de hectáreas sin sembrar
y así llegara el alimento a millones de hogares.
Y que algo tan simple se mantuviera en el tiempo
para las próximas generaciones.
Un mundo en el que los primeros años de vida de un niño fueran sagrados
y el desarrollo de su cerebro y su corazón fueran la máxima aspiración.
Que en ningún parlamento del planeta se hablara de otra cosa
hasta tanto no tener resuelta esa cuestión fundamental,
pues allí estaría la clave para disolver el resto de nuestros problemas.
Sería fantástico que esto sucediera...
Hagamos, cada uno, la parte que nos corresponde.
Que el 2010 sea, de verdad, un buen año para todos.
Carlos Marianidis
¿Existió Berenice la Sirena?


Rotundamente, sí.
La sirena que toca la guitarra es motivo recurrente en el imaginario mexicano.
Y la podemos encontrar desde la época barroca, donde ¿por qué no? aparece con dos colas en la Casa de los Condes de Santiago de Calimaya (actual Museo de la Ciudad de México), sirena musical y embrujadora que me inspiró esta historia una tarde en que la escuché tocar la guitarra.
Dicen en la Casa en cuestión que Berenice no es sirena, sino nereida y que mira lánguida hacia la capilla familiar. Que aparezca en una concha hará referencia a Santiago y sus vieyras peregrinas y toda ella marinera es recuerdo de los frecuentes viajes que la familia condal hacía a ultramar en esos lejanos días del siglo XVII novohispano.
En griego moderno, neraida es una mujer hechicera, encantadora.
Lo cierto es que las sirenas cantan.
Y el nombre de Berenice, tan campante en su libro también es griego -antiguo- y significa "portadora de la Victoria".
Y muy victoriosa es, sobre todo cuando canta huapangos veracruzanos.
El alquimista 4: instinto de transmutación

Qu'il eût été fade d'être heureux!
M. Yourcenar
Es un instinto de soñador*, pero a diferencia de éste, autor de representaciones y de sombras, el de transmutación está dirigido por un querer que no se conforma con la mera representación y el mero espejismo.
En él se manifiesta la verdadera estructura de la realidad, transformación constante donde el orden es mudanza y donde jamás culmina la cadena de las formas.
La felicidad como objetivo o descanso aquí no tiene cabida, a menos que sea un breve descanso muy cansado, como en el verso de Quevedo.
Así desgastado y ojeroso, melancólico y descansado de cansarse, el alquimista puede recomenzar -una y mil veces- a transmutar la realidad en el oro apetecido.
*Aunque menos repartido, más raro.
En él se manifiesta la verdadera estructura de la realidad, transformación constante donde el orden es mudanza y donde jamás culmina la cadena de las formas.
La felicidad como objetivo o descanso aquí no tiene cabida, a menos que sea un breve descanso muy cansado, como en el verso de Quevedo.
Así desgastado y ojeroso, melancólico y descansado de cansarse, el alquimista puede recomenzar -una y mil veces- a transmutar la realidad en el oro apetecido.
*Aunque menos repartido, más raro.
Berenice la Sirena con León Ciudad de la Literatura

Berenice la sirena es mexicana, más concretamente, de Veracruz, como Ana Laura Delgado, la Directora de Ediciones El Naranjo.
Pero le tocó la buena fortuna de nacer en Colombia, donde acaba de ser publicada bajo el sello de Hillman Publicaciones, Editorial Libros y Libros.
Y bajo la fecha del Reencuentro Hispanoamericano: 2010.
Tal vez por eso y recién nacida -aunque muchos creen que las sirenas no hablan- se pronunció y con todas sus letras... a favor de LEÓN CIUDAD DE LA LITERATURA

Marco Aurelio Chavezmaya: Siempre fui un niño de huertos
Foto: ConacultaEl 3 de diciembre de 2009, el poeta mexicano Marco Aurelio Chavezmaya recibió el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2009 en el emblemático Castillo de Chapultepec. Aquí, sus palabras, que me han emocionado profundamente y que no dejarán de tocar el corazón de todo el que las lea.
PREMIO HISPANOAMERICANO DE POESÍA PARA NIÑOS, 2009
(Fundación para las Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica)
Señores del presidium: En algunos de los correos electrónicos que envié para invitar a mis amigos y familiares a este acto, les decía que, como parte del programa y luego de este breve mensaje y la lectura de algunos poemas (y dada la alegría que implica este galardón), yo me envolvería en nuestra bandera tricolor y me arrojaría al vacío desde una torre del Castillo, como hace muchos años hizo Juan Escutia.
Bueno, les anuncio que no lo haré (todavía tengo mucho que escribir), lo que sí haré será envolverme en la bandera de la nostalgia para empezar a contar a ustedes un poco quién soy y qué es este libro llamado El niño en su casa del árbol de la vida.
Muchas veces, en el pasado, me pregunté cómo fui a salir escritor en un ambiente con una escasa tradición literaria. Soy bisnieto y nieto de músicos, mi padre es orgullosamente herrero, oficio que también aprendí en la infancia y adolescencia. Mi abuelo materno fue taumaturgo y zapatero remendón, y su hijo, mi tío, era pintor aficionado. En mi casa de Metepec, donde nací y viví hasta los 17 años, sólo había dos libros, o sólo recuerdo dos: Cien poesías escogidas y Genoveva de Brabante. Había una enciclopedia estudiantil y después hubo una enciclopedia Dánae y un diccionario Larousse ilustrado. Eso era todo.
Pero ahora, cuarenta y tantos años más tarde, comprendo que detrás de mí sí había una tradición literaria, una poderosa tradición oral. Porque si bien no abundaban los libros, mis padres habían aprendido bien sus lecciones y traían a cuestas su D’Amicis, su Verne, su Salgari, su María Enriqueta, y las Rosas de la infancia florecían en ellos. Mi madre me cantó nanas a su debido tiempo, me enseñó a escribir a los cinco años (recuerdo tardes y tardes arrastrando el lápiz, mi mano llevada por su mano, dibujando aquella inolvidable caligrafía palmer) y mi padre nos contaba cuentos antes de dormir. Cuentos inventados, claro, donde mezclaba tramas de las mil y una noches con escenarios de cuentos de hadas; cuentos fantásticos todos ellos, siempre inacabados. Por cierto, todavía estoy esperando el final del pájaro de mil colores.
Lo diré, pues, rápido y sencillo: soy escritor gracias a mis padres. ¿Recuerdas, padre, que nos trajiste al Castillo de Chapultepec cuando éramos niños mis hermanos y yo? Ahora que estamos aquí de nueva cuenta, en este Alcázar que conocí entonces y al que regresé décadas después con mis propios hijos, quiero aprovechar para reconocer una vez más, de manera pública, esas viejas palabras, esas enseñanzas que tú y mi madre me brindaron y que me condujeron finalmente al oficio literario.
Para hablar del libro premiado diré que nunca había escrito poesía para niños. Al preguntarme sobre el tema respondo que para mí era un desafío, que les debía a mis hijos algunos versos que nunca les pude regalar cuando eran más chicos; esas son las verdades racionales que me gusta argumentar. La verdadera motivación, como es de suponer, es más profunda.
Hay un verso de Fernando Pessoa que me gustó desde que lo leí y que ahora viene al caso: “El niño eterno me acompaña siempre”. Yo siempre fui un niño de huertos, de ciruelos, de capulines, de milpas de la abuela, de explorar el cerro de mi pueblo. Acaso este libro es únicamente la pretensión desesperada de recobrar en mi madurez el rostro oculto de mi propia infancia. María García Esperón, ganadora de este premio en una edición anterior, ha dicho que “Tocar el misterio de la propia infancia es una de las experiencias más intensas y transformadoras que pueda tener un adulto”. Estoy de acuerdo. Escribir los poemas de este libro ha representado probablemente una suerte de rescate entrañable de la infancia ideal que viví por momentos.
La estructura del libro es simple: a lo largo del día (mañana, mediodía, tarde, noche) el niño observa y actúa en el mundo que lo rodea. Los escenarios son la casa, el huerto, la escuela y aun la ciudad. Y a su alrededor hay una madre y un padre y un gato. Pero acaso la presencia fundamental sea la de su abuelo alfarero.
Yo quisiera expresar que el libro es asimismo un homenaje a los viejos de mi pueblo que me contaron tantas historias, un homenaje también al oficio primordial de Metepec, que es la alfarería (ahí está la inefable presencia del árbol de la vida como metáfora y paradoja). Una de mis preocupaciones formales fue expresar los asuntos trascendentales de la vida (la fugacidad del tiempo, el amor, la muerte, el desastre ecológico) con un lenguaje lo más sencillo posible. Si lo conseguí o no, les tocará a ustedes decirlo en su momento. Quisiera expresar muchas cosas acerca de esta obra, pero tampoco es tan sencillo. Todo libro, como es sabido, es más –o a veces menos– de lo que su autor pretende.
Es un orgullo legítimo, un enorme orgullo, un privilegio, una alegría profunda, ser ganador de este premio en su edición 2009. La verdad de Perogrullo, como todo el mundo lo reconoce, es que este premio, que convoca la Fundación para las Letras Mexicanas y el Fondo de Cultura Económica, ha marcado un antes y después en la escritura y divulgación de la poesía para niños en lengua española y en la literatura infantil en general. No sé a quién o a quiénes se les ocurrió, pero desde aquí manifiesto mi modesto y sincero reconocimiento.
Para terminar diré que las primeras versiones de estos poemas fueron escritas en 2005. Entonces yo era coordinador editorial de la revista Castálida y alguna tarde me compré esta agenda del Fondo de Cultura Económica. Entre la oficina y el huerto de una casa rentada, bajo el ciruelo, empecé a escribir con una letra palmer (no tan bella como la que hacía mi madre) estos versos que luego de muchas correcciones han dado sus frutos. El hecho de que la primera escritura haya sido en una agenda del FCE y que el libro resultante vaya a ser editado por esta misma casa editora es una coincidencia admirable, esos azares casi milagrosos que sólo la poesía nos puede brindar.
Muchas gracias.
Castillo del Chapulín, 3 de diciembre del 2009.
Marco Aurelio Chavezmaya
¡Rutinero en Buenos Aires!
El miércoles 7 de diciembre de 2009, en la Casa de la Lectura en Buenos Aires, María Wernicke presentó el libro Rutinero, del poeta mexicano Níger Madrigal del que es ilustradora.
Fue un auténtico encuentro "con la poesía, con la imagen y el color", como rezaba el affiche promocional del Fondo de Cultura Económica. Pero también fue un encuentro con la amistad y con esa magia inefable que tienen los libros, que hizo que Mercedes Calvo (Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2008) viajara desde Montevideo a Buenos Aires para acompañar a María en este acontecimiento gozoso.
Marcelo Suárez De Luna estuvo ahí con su hija Macarena, de 7 años, y nos ha enviado estas fotografías que reflejan la alegría que embargó a todos y de la que es expresión la luz que emana de la mirada de María.
Rutinero fue publicado en 2008 y distribuido en España y en Latinoamérica. Ha sido seleccionado en la lista de altamente recomendados de Fundalectura Colombia 2009 y es un libro con buena estrella. Copio un fragmento de la reseña que escribí en esos días, cuando a al abrir este libro conocí a un hada llamada María Wernicke:
Este libro que tiene una llave que me ha abierto el corazón es un libro ilustrado. Poéticamente ilustrado por un hada.
Ella se llama María Wernicke, es argentina y ha usado, claro está, los materiales que usan las hadas.
Viene de puntillas, habla en el susurro del papel de seda, puede respirar bajo el agua, hacerse pez y ola y ha atraído a este libro esencias y aromas de su mundo encantado.
Sabe dialogar con el silencio y con la blanca página silente que hace alumbrar sueños.
Posee el don de la condensación poética -otra cosa de hadas- y en dos trazos minúsculos otorga expresiones infinitas al rostro de su personaje.
Los animales -la iguana, el mico, el pavo real, la libélula restituida a su condición de liber, de libro, el flexible y vertiginoso colibrí- están aprehendidos en su esencia, en su contento vital, en su paz.
Podría jurar que hay menta y albahaca espolvoreadas entre las hojas, que algo de la luz depositada por una garza traslúcida se quedó atrapada en la página y deslumbra cuando la abres, que la pata de la iguana golosa de sueño se mueve y desliza fuera del libro para volver trópico verde el lugar donde la lleve su Rutinero.
También hay un hechizo -que no diré porque tiene que ser descubierto- en la solución plástica con que María ata y desata las cuatro rutas del Rutinero de Níger, de los dos Rutinero.
Rutinero mío.
Nuestro Rutinero.
María García Esperón
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