Unos segundos en un filme de Costa Gavras sobre la destrucción que ha sufrido el Partenón a lo largo de los siglos -realizado para enriquecer el discurso visual del nuevo Museo de la Acrópolis- bastaron para ofender a la Iglesia Ortodoxa griega.
La destrucción perpetrada por los cristianos sobre el cuerpo del Partenón y representada en la película fue censurada.
Los proyectiles turcos rompiendo el edificio no representan problema alguno.
Tampoco las ávidas manos de los empleados de Elgin.
Pero los cristianos no pueden ser los malos de la película, aunque sean cristianos de hace cientos de años.
El Museo de la Acrópolis alega que no se pretende ofender a nadie.
Berenice, la sirena es una fantasía barroca para niños que compuse en el año de gracia de 2005. Berenice se me apareció mientras tomaba una sopa en un plato de talavera del Café de Tacuba. Su nombre es griego y significa "portadora de la Victoria", aunque ella es nacida orgullosamente en aguas veracruzanas. Me dijo que vivió esta aventura en el siglo XVII, justamente cuando el virrey de la Laguna y su esposa María Luisa vinieron a gobernar a la Nueva España. Con quien trató Berenice fue con Conchita, la hija de los marqueses, que entonces tenía nueve años. Y que finalmente se quedó la sirena a vivir en la fuente de la airosa Casa de los condes de Santiago de Calimaya en la muy noble y muy ilustre, imperial Ciudad de México.
Berenice, la sirena acaba de ser publicada en Colombia, bajo el sello de Hillman Publicaciones, Editorial Libros y Libros.
En el sitio web de la editorial han escrito sobre Berenice que...
"Conchita tiene nueve años, es española, hija de los marqueses de la Laguna y vive en pleno siglo XVII. Cuando desembarcó en las costas de Veracruz encontró una sirena en su plato de sopa.
Al lado de sus nuevos amigos mexicanos, Elotito y Nicolás, Conchita emprenderá el viaje de Veracruz a Ciudad de México. Vivirá inolvidables aventuras para salir de los problemas en que la mete Berenice, la sirena".
Desde Barranco, en Perú, llegan estas palabras sobre el tercer poema de Tigres de la otra noche. Con emoción y agradecimiento para con su autor, Orlando Granda, aquí las copio, para mí veleros de sentido en el mar de la poesía:
Releo el poema e inmediatamente, en los tres primeros versos, la voz poética se ubica en un lugar lejano, exótico como la India (tierra de junglas y tigres, geografía de sombras y luces...). ¿Cómo llegó la voz a ese lugar? Un misterio, aprentemente ("No puedo decirte cómo"), pero, ya lo sabemos, para llegar a los lugares más increíbles están las vías del sueño, los caminos de la imaginación, etc. que nos facultan esas rutas extrañas y conocidas por los atrevidos de pantalón corto y rodillas laceradas (y no me refiero únicamente a los niños cronológicos). Una vez allí, en los fueros míticos de la India, de la aventura, quiero decir, todo puede ocurrir. De ahí la pregunta por el tigre. Pero, ¿quién es el tigre? y ¿por qué el tigre? Responderé apoyado en mi intuición: porque el tigre es muchas cosas, es el felino solitario y bello, gato hermoso y peligroso, día y noche, vida y muerte, animal dueño de su libertad y la nuestra, si nos asumimos tigres o dejamos que éste nos invada para pernoctar por esas junglas que luego negamos: el tigre, entonces, es cada uno de nosotros que nos permitimos hacer todo aquello que la razón y los años nos impiden realizar pues nuestros predios no son ya los de la niñez, sino que nos transformamos en habitantes de los espacios donde "nos vamos quemando al sol de la experiencia", como lo dice el maestro Alfonso Reyes. El tigre, bella fiera, símbolo del de la aventura y del miedo, de la valentía y del terror, esa duplicidad de mundos (y otros más) en el que vivimos cuando infantes.
Y ¿la ciudad blanca ("blanca, bajo la Luna"), que cuando hay sol no aparece o cuando está oscuro no se mira? Esa ciudad no es una ciudad física, material, es una urbe atemporal, sin geografía precisa, es en realidad una ciudad fantasma que nos atrevemos a transitar cuando nos abandonamos a la plena y pura libertad de la imaginación, es la ciudad fantasma del tigre que también es fantasma, nuestro fantasma que existe, que nos observa, que nos acecha cada que "cerramos los ojos", que lo vemos mirarnos no de los "ojos para afuera" sino dentro de nosotros mismos, "detrás de los párpados", porque ese tigre no es un ente foráneo, el tigre es en realidad cada uno de nosotros, aquella parte que "ocultamos" o "no nos atrevemos ya a reconocer". Pero no quiero ser pretencioso y pontificar, el tigre es todo aquello que queremos que sea, la respuesta es múltiple como múltiples son los lectores y las circunstancias de su lectura y sus vidas.
Ahora quiero hacer posada en la ilustración. Magnífica porque recurre a un elemento desdeñado: el cartón. El cartón y sus trazos toscos (como huellas de zarpas cuyas heridas son los colores que dan identidad a esos burdos cartones que esconden su espíritu sutil: ojos, ciudad).
Alejandro Magallanes. Foto: El Universal.
El pintor (Alejandro Magallanes) "dio en el blanco", develó el misterio de esos trozos de cartón: esos ojos son ojos y aves (aves atigradas) que vuelan por un cielo blanco (como el olvido), acercándose a la ciudad blanca para habitarla pues son su fauna (o tal vez su flora, porque esos ojos bien podrían ser hojas que caen, que llueven: lluvia vegetal que esconde al tigre agazapado). ¿Dos pares de ojos? Sí, los nuestros y su reflejo en el espejo, los ojos del tigre que también podrían ser los nuestros, si lo queremos. ¿Por que se utilizó ese material? Las repuestas también son múltiples. Me inclino por esta: Cartón, fragilidad. Tigre y ciudad fuertes y a la vez frágiles. Como lo somos cada uno de nosotros.
El Colegio Andino de Bogotá es una institución educativa de excelencia que ha sido certificado por autoridades educativas de Alemania. Se considera el primer colegio alemán de Suramérica. Mi libro Las Cajas de China forma parte de las lecturas de los niños de tercero de primaria de este Colegio.
Encontrarse con Estrellas de vainilla, de Moisés Sheinberg, es un golpe de suerte a cualquier edad. Es un libro-tesoro, lleno de conocimientos que no abruman pues están engarzados en el cristalino discurso de un niño de 11 años que tiene un nombre tan bello, alto y generoso como las intenciones del autor.
Se llama Skat el niño, y las páginas del libro nos revelan que es el nombre sonoro y luminoso de una estrella. Pero hay más, Skat tiene un pequeño hermano también con nombre de astro –Altair-
Como el nombre es el destino, Skat se verá obligado a pesar suyo a renunciar a sus vacaciones de preadolescente –televisión, videojuegos y amigos- y emprender con su familia un viaje a Papantla en Veracruz. Sí, la tierra de los voladores, la fragante noche de la vainilla, el cántaro sonoro de la lengua totonaca –de la que la madre de Skat es interesante estudiosa- el lugar de las leyendas y una misteriosa casa llena de los recuerdos de una historia de amor y de una bella mulata, en la que el niño que se aburría experimentará la fría mano del terror sobre la nuca.
Pero el terror de Estrellas de vainilla no es superficial ni una concesión a las corrientes literarias en boga. El terror cumple una función esencial en la textura emotiva de la novela: crear el ambiente propicio para que Skat y el lector se asomen al misterio inherente a todo lo que existe, desde la flor de la vainilla hasta las estrellas que incansables, persistentes nos dibujan sus mapas de sentido.
El libro está realizado con la cuidadosa factura que caracteriza a Ediciones El Naranjo, donde cada volumen es como un pequeño país cultivado con ensoñación y mimo. Las ilustraciones de Aleida Ocegueda poseen un tenue encanto y respiran con la inocencia y la sabiduría del texto. Sabe soñar estrellas Aleida y comprende que la noche es un manto de suavidad.
(Cierro el libro y con un nudo en la garganta por el sorprendente final, descubro que desde la primera a la última página del libro no ha dejado de acompañarme –magia de las letras- el aroma sutil de la vainilla).
María García Esperón Escritora
Estrellas de vainilla. Moisés Sheinberg. Il. Aleida Ocegueda. Ediciones El naranjo. México, 2009.
Moisés Sheinberg nació en la Ciudad de México en 1966. Es ingeniero en Electrónica y Comunicaciones, maestro en Tecnología Educativa y posee una especialidad en Mercadotecnia. Pero por encima de todo, tiene mucho que decir a los niños y jóvenes y por eso emerge como un escritor de literatura infantil y juvenil de obras tan apasionantes como Estrellas de vainilla, publicada en Ediciones El Naranjo e ilustrada por Aleida Ocegueda..
Cuando eras niño ¿qué tipo de libros te gustaba leer? ¿Cuáles eran tus autores favoritos?
Me gustaba leer, principalmente, aventuras y ciencia ficción. Me gustaba Tolkien, Julio Verne, Mark Twain, Asimov, H.G. Wells, Ray Bradbury.
Ahora que eres adulto, ¿cuáles son los libros que prefieres?
Me gusta la ficción, especialmente la narrativa llena de simbolismos. Me gusta Baricco, Auster, Munro, Oz, Lispector, Borges, Beckett, etcétera, etcétera, etcétera.
Como padre que además es autor de literatura infantil ¿qué tipo de relación has establecido con tus hijos a propósito de la lectura?
Me encanta estar con mis hijos y observar su comportamiento inocente y curioso, especialmente ahora, que me he tenido que meter en la cabecita de unos niños. A propósito de la lectura, mi hija de 12 años se ha convertido en una lectora imparable, devora libros a velocidades vertiginosas y cada vez las visitas a las librerías son más frecuentes. A veces nos sentamos juntos a leer y nos acompaña el sonido de la respiración y el pasar las páginas del otro. En cuanto a mi hijo de 8 años, le gusta leer pero aún no ha sido cautivado por completo, espero que esté en camino.
Por favor, platícanos cómo ha sido el camino que te llevó a la escritura.
La escritura, en mi caso, fue algo que surgió sin la intención de que así sucediera, como si tuviera vida propia, te cuento, cuando mi hija Arielle tenía unos 9 años, no le gustaba mucho leer; un buen día me decidí y le pregunté que si le escribía un cuento inspirado en ella, lo leería. Ella gustosa contestó que sí y me puse manos a la obra. El cuento que iba a ser de 10 páginas se fue alargando y alargando hasta convertirse en mi primera novela, misma que Arielle leyó en dos sentadas y le encantó.
¿Cómo nace Estrellas de vainilla?
Después de escribir el libro para mi hija y disfrutar enormemente la experiencia, pensé que era tiempo de escribir uno inspirado en mi hijo, Ilán, que entonces tenía 6 años. Sin embargo, 6 años era demasiado pequeño para la aventura que estaba yo pensando así es que, traté de imaginar cómo sería Ilán a los 12 o 13 años. Escribí el libro y lo mandé a Editorial El Naranjo ya que me habían dicho que era una casa que se especializaba en literatura para niños con contenido cultural. De El Naranjo obtuve una respuesta favorable y, después de que encargaron unas ilustraciones maravillosas de Aleida Ocegueda, imprimieron el libro y, aquí está.
¿Qué tanto de Moisés Sheinberg hay en tu novela y más concretamente, qué tanto de Moisés Sheinberg hay en Skat?
Creo que es imposible escribir sobre un personaje sin volcar en él buena parte de quiénes somos. Skat tiene mucho de mí y también mucho de lo que me gustaría tener. Es curioso y aventurero y aunque no lo quiere aceptar, le gusta estar con su familia y disfruta de los viajes y los misterios, esto es lo que tiene de mí.
En el libro se percibe un gran amor por la Astronomía. ¿Podrías describir tu relación personal con las estrellas?
Amo el cielo nocturno. En especial la luna. Los personajes de mi primera novela tienen nombres de satélites de otros planetas y los de Estrellas tienen nombres de… pues de estrellas. Me encanta sentarme en el campo a contemplar el cielo, inventar constelaciones y ver cómo, lentamente, el panorama va cambiando. Me hace sentir parte de una enormidad infinita.
¿Qué te aportó en lo personal la escritura de tu novela?
Como no estudié letras, nunca me creí capaz de escribir una novela y estoy orgullosísimo de haberlo logrado. Cada vez que la releo digo ¡Guau! ¡¿Yo escribí esto?! La aventura de escribirlo fue divertidísima y ahora siento que he aportado mi granito de arena a cambio de tanto que me han dado los libros. Dejo algo de mí para ser visto por los otros y cada vez que voy a la librería o entro a páginas de Internet y veo mi libro, junto a miles de otros libros, me siento parte de algo muy especial.
¿Podrías platicarnos qué proyectos, qué libros, qué sueños sucederán a Estrellas de vainilla?
Para ir acorde a la edad de mis hijos, el siguiente proyecto me gustaría que fuera algo más para adolescentes. Me gustan los vampiros y las brujas pero ya está muy trillado, así que tendré que pensar en algo más original. Los misterios relacionados con mitos y leyendas me han funcionado bien, a lo mejor va por ahí.
Niños: Entes curiosos e inocentes con ganas de ver, entender y vivir todo lo que sea posible. Genios en potencia.
Estrellas: Las luces que guían nuestros pasos y le dan sentido a la vida. Existencia: Un tiempo corto con el que contamos para tratar de hacer una diferencia.
Amor: La gasolina de la vida. Libros: La gasolina de la imaginación.
Y por último, ¿cómo definirías a Moisés Sheinberg como escritor?
Lo que más busco al escribir es divertirme, trato de que mis personajes sean fáciles de entender y que los niños se puedan identificar. Siempre trato de que los libros sean divertidos pero que también tengan una carga cultural y de valores para que los niños no solamente pasen el rato, sino que se formen y aprendan algo interesante. Busco siempre que el amor y la tolerancia formen parte importante del libro.
Mi abuelo Moctezuma ha sido incluido en el S.O.L. (Servicio de Orientación de Lectura), donde también tengo el gusto de que se encuentren los Tigres de la otra noche.
La vocación del S.O.L. se describe así en su página web:
"El Servicio de Orientación de Lectura es una iniciativa de la Federación de Gremios de Editores de España, desarrollada con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y con la colaboración de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a través de la correspondiente subvención nominativa.
"El Servicio de Orientación de Lectura es un proyecto dirigido a la sociedad en su conjunto, con dos objetivos muy concretos:
fomentar la lectura en todas las edades y dar un servicio fácil y de calidad a quienes quieren relacionarse con los libros y la lectura.
"Este servicio pretende ser un punto de encuentro donde se dan cita lectores y profesionales: niños, jóvenes, padres, profesores, bibliotecarios, libreros…
"El Servicio de Orientación de Lectura es un recomendador de lecturas y no un buscador de libros. El lugar donde se acompaña y guía al visitante (niño o adulto), según sus preguntas e intereses.
"El S.O.L. es un proyecto que se fundamenta en dos premisas: no defraudar nunca al posible lector, ofreciendo una selección de calidad incontestable, y partir siempre del propio libro como medio privilegiado para llegar a los libros."
La Klett Academie ha presentado sus nuevos libros para la enseñanza del español a estudiantes alemanes.
Su concepto contempla asomar al estudiante a la lengua tal como es hablada en España y los países de Hispanoamérica. Así, en la sección Mirada afuera del libro dirigido a alumnos de sexto y séptimo grado de enseñanza se ha incluido un fragmento de mi novela Mi abuelo Moctezuma.