16 jul 2026 | By: María García Esperón

El remo de Odiseo




"-Soy Odiseo, el hijo del héroe Laertes. Vivo –o vivía, miserable de mí- en la ilustre Ítaca, isla de árboles frondosos que dicen los mensajes del viento. A su alrededor hay otras islas, Duliquio, Same y Zacinto, también selvosas y que despiertan del lado de la aurora.

"Ítaca se encuentra del lado de la noche y se recuesta en el mar como una ninfa de las aguas. Es pequeña tal vez y modesta, comparada con la vasta Esqueria de los nobles feacios tan magnífi ca, pero para mí, es el lugar más hermoso de la Tierra. Por luchar en la guerra de Troya dejé a mi esposa y a mi hijo en la más tierna edad. Ahora debe ser un joven tan resplandeciente como tu hijo Leodamas, de la misma edad que tu hija Nausícaa. Todas las noches de mi ausencia he intentando imaginar su rostro. Volver a verlo, estrecharlo contra mi corazón, habitar de nuevo en mi hogar, al lado de mi esposa, repasar las cosas sencillas, reír y beber vino, comer pan, sembrar la tierra, limpiar las armas y colgarlas de un alto muro de la casa, despedir al Sol en el ocaso y dormir al lado de mi esposa. Son veinte años de ausencia, guerras y viajes, espanto y asombro, extraños goces y destellos al lado de la diosa Calipso y la maga Circe, mujeres portentosas que me ofrecieron el amor y la inmortalidad y aunque subí al lecho de ambas jamás en mi corazón se apagó la lealtad a mi hogar primero, al cándido seno de mi esposa, a su clara mirada…

(…)

"¡Odiseo! Su nombre es Odiseo… Los sonidos se habían quedado en mi memoria como la más dulce de las músicas, como la más honda de las promesas, como la esperanza. ¡Odiseo!"